Sábado, 22 Abril 2017 13:50

La decadencia moral de Europa

 

Por Guillermo Pérez La Rotta

No Hablo DE DECADENCIA ECONÓMICA, SINO MORAL DE EUROPA.  Y precisamente el auge de una casi siempre –no siempre- está en estrecha relación con la degradación de la otra.

Se ha dicho, con alguna verdad, que las ideas de libertad nacieron en Europa, pero como todo documento de la civilización, está unido dialécticamente a la barbarie, hay que desentrañar bien cómo fue eso. Aunque no se trata de eso, por ahora.

Mas bien, se trata de reflexionar un poco sobre lo que viene ocurriendo en los últimos años, echando una corta mirada hacia atrás. Después de cinco siglos de expoliación colonial e imperial de África, continente que tanto ha dado al mundo, la miseria de muchos países de ese continente, implica que muchas personas busquen llegar al paraíso del primer mundo europeo. Algunos atraviesan ese mar de arena que es el Sahara hasta llegar a la Libia, que Europa y sus amigos destruyeron hace poco, cuando derrocaron a Gadafi. Así como los gringos invadieron a Irak y formaron una hecatombe que se extiende hasta ahora, con el cuento de las armas de destrucción masiva. Y el régimen que montaron excluyó a los que ahora se han convertido en Estado Islámico.  Pasando primero por lo que fue y sigue siendo Al Qaeda.

Y la guerra en Siria, destruye a ese país, bajo la mirada impotente del primer mundo, y el cinismo de países como Rusia, Irán y China. Sobre todo Rusia, que es otro imperio que hoy saca los dientes de forma autoritaria bajo el mando de Putin. Pero claro, esas regiones fueron hace siglos dominadas por el colonialismo europeo, e ingleses o franceses organizaron, según su interés las fronteras de Afganistán y de otros países cercanos, igual a como se hizo cuando nació Pakistán, frente a la India, luego del colonialismo inglés. Se generó una división que llega hasta hoy, con conflictos insolubles. Y así podríamos seguir mencionando cosas que hay que profundizar. Y detallar. Está el trágico caso de Israel y Palestina, luego de la Segunda Guerra Mundial.

Pero lo que uno ve ahora con cierro énfasis, es la inmensa hipocresía de Europa, no en bloque, eso hay que reconocerlo, pero sí bajo una gran mayoría de posiciones chauvinistas, populistas y autoritarias. Y un motivo de ello es el terror que siembran los del Estado Islámico, y también la emigración forzosa de millones de parias del medio Oriente. Todo ello desde complejos y diferentes conflictos en los que el colonialismo europeo y estadounidense, pusieron su granito de arena anteriormente.

Porque ellos representan la civilización, hace cinco siglos que vienen diciendo eso en infinitos discursos políticos y filosóficos, y también la libertad que nació en Inglaterra o en Francia, según dicen, y hasta en parte tienen razón. Pero todo desde la absoluta fuerza del mal, que cunde por la tierra, y no por la obra de la Providencia de Dios. Por la obra del mal que se convierte en bien, dialécticamente, como le dice Mefisto a Fausto. O si no pregunten a Dios porqué es tan caprichoso. Cosas para preguntar a teólogos y creyentes sobre la Divina Providencia. Dios está despistado, decía el gaucho Juan Moreira, cuando los políticos de Argentina lo perseguían y utilizaban a mediados del siglo XIX en Argentina, cuando un destino terrible lo convirtió en un asesino; mientras esas elites blancas conquistaban el desierto, es decir, las infinitas pampas, limpiándolo de indios que encarnaban la barbarie para llenarlo de vacas. Pero bueno, toca creer en algo para tener la ilusión de que frente a la orfandad y el caos humano, alguien puede legitimar allá arriba el destino de los hombres. En verdad, los dioses siempre sirvieron para eso, entre otras cosas, para legitimar hasta lo inimaginable.

Entonces, después de que Europa expolió a África – y lo sigue haciendo bajo formas más sutiles, y desguazando barcos y chatarra tecnológica en países pobres- durante cinco siglos, después de que la desvertebró cultural y geográficamente a través de siglos de esclavitud que sirvió, muy cristianamente, al capitalismo; y dominó el medio Oriente, imponiendo su ley en Afganistán, Irak o Irán –hasta que un Ayatola los echó- ahora, ESTÁN COMIENDO DE SU PROPIO GUISADO. Y el universalismo de su libertad e igualdad, el liberalismo y la democracia, han entrado, una vez más, en crisis, porque frente a esa diáspora trágica de zarrapastrosos que llegan por distintos flancos a la blanca y limpia Europa, toca cerrar las fronteras y echarlos al mar, como sea, que se los coman los tiburones del mar Mediterráneo. Salvo que la señora Merckel acogió a  muchos, - y también Italia, y Grecia, a regañadientes- y le sacaron en todo caso cuenta de cobro por tan estúpido humanismo. Y ahora muchos países europeos muestran, bajo la apropiación ideológica de discursos AUTORITARIOS de libertad, que la nación es lo que importa, es decir la nación inglesa, la nación francesa, húngara, polaca, etc.

El proyecto de una Europa unida está en peligro, y el liberalismo también, nuevamente. Viene el resurgimiento de estados autoritarios en un movimiento económico de proporciones inciertas. Y si al otro lado del charco Donald Trump cierra sus fronteras  económicas, tendrá que pagar mucho, en tanto su país tiene relaciones internas por todos lados, que no es tan fácil cortar. Pero su capricho no sabemos a dónde irá a parar. Le salió hace rato el cobre racista contra esos homúnculos que llegan del sur en un tren que se llama la bestia (filme:La jaula de oro, mirarlo), y por ello va a levantar un muro bien grande para que no jodan más, incluso a costa de los mexicanos. Miseria humana ha habido y seguirá existiendo por los siglos de los siglos. Y los policías gringos matan negros hasta porque los miraron con ojos sospechosos.

Hay que revivir la obra teatral de Jean Paul SartreLa Puta Respetuosa; invito a leerla; y a pesar de que los Estados Unidos de América tuvieron un presidente negro, comprobamos todos los días que el racismo es un imaginario de larga duración, desde que los europeos secuestraban negros de África y los mercadeaban, porque ellos, los negros, eran cosas, no tenían alma, y servían para dominar el mundo como mano de obra esclava, y el cristianismo permitió eso durante cuatro siglos. Se demoró bastante el cristianismo del Vaticano en cuestionar eso. Y el de Lutero también. Por lo menos hay que reivindicar un poco al padre de las Casas, poquito, porque en todo caso consideraba que los ídolos de los indios tenían que desterrarse, su religión falsa debía desaparecer, pero no había que matarlos o esclavizarlos a la fuerza, como pensaba Ginés de Sepúlveda, quien de verdad, tenía razón, y la historia le dio esa razón.

Más allá de los problemas económicos que están en juego hoy con toda la crudeza del caso, solo quiero llamar la atención sobre la infinita hipocresía de las ideas humanistas, de las ideas libertarias y de justicia que se proclaman desde Europa. Hipocresía del primer mundo, e impotencia. Los ideales de Europa hace mucho que están en bancarrota, y nuevamente entran en crisis bajo la actual coyuntura global.

Si quieren que esa chusma de África deje de molestarlos, y lo mismo los miserables de Afganistán y otros pueblos desgraciados del medio Oriente, tendría Europa que proponer ideas económicas y técnicas nuevas que en todo caso no son capaces de proponer, porque el desarrollo económico seguirá siendo desigual y catastrófico para unos y opulento para otros. Y catastrófico para el planeta, pero eso poco les importa, a pesar de todos los tratados que ha celebrado. 

Modificado por última vez en Lunes, 01 Mayo 2017 09:58