Martes, 17 Enero 2017 16:41

¿Cómo finaliza la administración Castrillón en Unicauca? Destacado

Juan Diego Castrillón, Rector Unicauca Juan Diego Castrillón, Rector Unicauca Foto: Área de Prensa Unicauca

Una reflexión desde la Junta directiva de ASPU-Cauca
Enero 16 de 2017

Está terminando la rectoría en la Universidad del Cauca de Juan Diego Castrillón con un evidente alejamiento de varios miembros de la comunidad académica hacia su gestión y hacia su manera de ver la universidad en su sentido público y participativo. Aunque tiene en la comunidad seguidores a quienes condecora, en general la indiferencia y el descontento se mueven en los ambientes académicos universitarios. El poder lo usa para dar contentillos, condecoraciones y prebendas.

No hay actas de las sesiones de las sesiones del Consejo Académico según el informe de los representantes de los profesores; nuestra representante al Consejo Superior se ha caracterizado por su mutismo de tal manera que la comunidad académica no sabe a ciencia cierta cómo se maneja la universidad en esa instancia.

Es como si el imperio de la actualidad, del día del día, avasallara el debate y la mirada reflexiva hacia la universidad. Los sucesivos cambios en el sistema académico, la errática mirada sobre la investigación, la falta de articulación de políticas entre los sistemas universitarios, la creación de centros burocráticos, dan la imagen de cambios no coordinados, con urgencias que provienen para satisfacer cuotas burocráticas con una deficiente planeación.

En la Universidad del Cauca, se dice que estamos inmersos en una carrera hacia la calidad, sin que se sepa con claridad si para el rector Castrillón solo la cantidad es su visión de la calidad, pues queda de manifiesto, como se denunció en los escasos movimientos estudiantiles durante su periodo, que hay hacinamiento en las facultades, que faltan insumos de laboratorio, que las aulas no están debidamente equipadas, o las restricciones locativas para llevar a cabo las actividades académicas sin tropiezos, es decir la calidad de Castrillón es una retórica sin cimientos. Cuando se le ha preguntado sobre la apertura de un nuevo postgrado o una nueva sede bajo su esquema de regionalización, dice: “Si no lo hacemos nosotros, alguna otra universidad lo hará” o “Si no abrimos este programa en el norte del Cauca, la competencia tendrá el camino abierto” o “Los padres de familia preferirán que sus hijos paguen el millón de pesos, más barato, que si se van a una universidad en Cali”. Así se desconoce la naturaleza de la universidad estatal como garante del derecho de la educación de los estudiantes de regionalización.

La argumentación no va más allá, en una retórica simplista que está dirigida a complacer el esquema gerencial del Gobierno que se ha propuesto para que la educación superior en Colombia se autofinancie. Hay que recordar que los estudiantes de regionalización están pagando $1.500.000. En su lógica, el rector dice: “Si ud. tiene algo de plata puede pagar la educación superior, aunque sea endeudándose, ya que su familia tiene esa capacidad”. Lo banal domina a la argumentación, en un estilo que parece salido de la populista plaza pública o de los mensajes televisivos en boga para distraer o confundir al público.

Con los contradictores, Castrillón usa la grosería, la mentira, la persecución, la injusticia y el matoneo lo que es inaceptable de alguien que dice haber militado en la izquierda. Su pasado político también lo ha usufructuado tomándolo como un escalón para sus ansias individualistas de poder, actitud que tipifica un arribismo provinciano, constante en toda su rectoría. Incrementó su salario, su tiempo en la rectoría, amplió su poder discrecional aumentando el número de funcionarios de libre nombramiento y remoción. Es sospechosa en la academia la actitud complaciente de sus cercanos colaboradores.

En relación a la organización sindical de profesores, lejos del “odio” y la “venganza”, que pregona su alfil, el “estoico” y solapado vicerrector Velásquez en quien el rector Castrillón ha colocado sus preferencias, la lucha de ASPU seccional Cauca y a nivel nacional, permanentemente ha sido por los derechos laborales de los profesores y de la universidad pública.

Sus comunicados a través de los medios oficiales de Unicauca, que no admiten réplica por ese medio, están llenos de palabras como malicia, zozobra, odio, venganza, ultraje, calumnia. El vicerrector, quien creó la resolución VRA 802 que está en contavía del Estatuto Docente, tergiversa las reinvindicaciones sindicales logrados a través del esfuerzo de la negociación de los pliegos y hace suyos los aspectos de bienestar académicos alcanzados. Nos preguntamos: ¿Queremos un rector con estas características en los próximos años? No nos amedrentamos ni nos amendrentaremos ante sus intentos de anulación y silenciamiento.

El absurdo ha llegado a la Universidad del Cauca con las propuestas y contrapropuestas de los sistemas universitarios, las resoluciones y las aclaraciones a las resoluciones, derogamientos y antiderogamientos de los acuerdos.

Queda la resistencia y esperanza de que los estudiantes establezcan una organización sin sectarismos, una organización por consejos estudiantiles por facultades o por programas y que se movilicen por sus derechos como ocurrió en Colombia en 2011 y ha ocurrido, de manera exitosa, en Chile.

Estamos en un modelo de universidad impuesto por el gobierno donde los postgrados, la regionalización son autofinanciados y generan recursos insuficientes y básicos, para el desarrollo de las actividades académicas del pregrado. El programa “Ser pilo Paga” no es más que el subsidio a la demanda copiado para la educación superior de la desastrosa ley 100 de la salud. Es una transferencia de los recursos públicos al sector privado de la educación superior. En muchas universidades públicas del país, los profesores ocasionales están a cargo cada vez más del desarrollo de los pregrados. Los profesores y profesoras que llegan a las universidades son de un perfil más joven, con títulos de maestría y con doctorados; vienen por un empleo que les permita vivir de manera estable y hacer dinero con el sistema de puntos que actualmente nos rige. De tal manera que los elementos claves para la persistencia de una universidad pública como la mística, el compromiso con lo público, la identidad con la misión universitaria se desdibujan ante los proyectos individuales que se van imponiendo en un sistema donde todo es mercancía, desde los trabajos de investigación hasta el prestigio académico.

Por esto, desde nuestra organización sindical, llamamos a todos los profesores a actuar como grupo, como colectivo, como comunidad académica al servicio de la sociedad, más allá de aquellos proyectos individuales. La apatía por las causas comunes, por las representaciones profesorales, por la defensa del sentido de lo público, no deberían tener lugar entre el cuerpo profesoral. Necesitamos una universidad que garantice el derecho a la educación superior y no privilegie los postgrados vistos solamente como fuentes de dinero, que escamotea y descarga al gobierno de su responsabilidad del financiamiento adecuado de la educación superior.

Necesitamos una administración al servicio de la academia y no al contrario.

Estas reflexiones son necesarias en este momento en el que se abre el debate en la actual designación, no elección, del nuevo rector de Unicauca.

¿Queremos continuar con una rectoría autoritaria, vertical, que sea utilizada para un proyecto individual? ¿Queremos una rectoría que comprometa la autonomía universitaria? ¿Queremos una rectoría que profundice el modelo gerencial privatizador ?

¿O será impertinente orientar nuestra universidad hacia una estatal, participativa, que garantice con equidad, la educación superior para el Cauca y para Colombia?.

Modificado por última vez en Jueves, 09 Febrero 2017 07:47