Viernes, 31 Marzo 2017 08:10

Nuevo Rector en Unicauca

 

Cristóbal Gnecco

Profesor

Departamento de Antropología

En pocas semanas habrá terminado el desafortunado y dañino periodo rectoral de Juan Diego Castrillón. Lo mínimo a lo que puede aspirar un rector cuando termina su labor es al reconocimiento de sus colegas. Castrillón no lo merece. Ha manchado su gestión rectoral con arbitrariedad y autoritarismo, que agravian a toda la comunidad universitaria. La administración de Castrillón ha creado un clima de confrontación y amenaza que nunca antes habíamos conocido y ha vulnerado el sentido de horizontalidad y respeto académico, sin el cual la vida universitaria no es más que un mal remedo de la rigidez burocrática y vertical de otras instituciones.

 

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La academia es, ante todo, un espacio de discusión en el que la voz de los otros se escucha y se respeta. Castrillón ha tomado decisiones arbitrarias, desinformadas y prejuiciadas porque no ha tenido la decencia elemental de escuchar a sus colegas. Varias de sus decisiones han pisoteado la dignidad de los profesores y de los departamentos. Ha roto la institucionalidad universitaria que delega en los departamentos la concepción y puesta en marcha de los programas académicos. Esa delegación ha sido suficientemente probada puesto que es en los departamentos donde se conocen bien los programas y desde donde se garantiza su calidad; Castrillón la ha desconocido y ha creado sus propios programas, con un nivel académico dudoso y con matrículas caras que acercan a esta universidad pública al nivel de cualquier institución que hace de la educación un lucro. La Resolución 802 de 2014, que impulsó junto con su Vice-Rector Académico, duda de la honestidad y el compromiso de los profesores y aumenta las horas de docencia directa, en detrimento de la investigación y la proyección social. Una y otra vez Castrillón ha pasado por alto la opinión de los departamentos y ha suplantado la legitimidad institucional por la legalidad espuria de un puñado de normas nuevas.

Los profesores somos legítimos. Muchas de las decisiones de la rectoría de Castrillón no lo son. Nosotros construimos la convivencia universitaria todos los días. Castrillón la ha menospreciado. Hace cinco años el Concejo Superior se equivocó eligiéndolo. Grave equivocación. No puede equivocarse de nuevo en la elección de la próxima semana. Puede tomar una de dos decisiones: optar por la continuidad de esta lamentable administración o elegir por el retorno de la decencia. La semana pasado los profesores y estudiantes votamos por el candidato de nuestra elección después de escuchar las propuestas de los aspirantes a la rectoría en varios foros organizados en las facultades, verdaderos ejercicios de participación democrática que algunos representantes han querido desconocer. Las consultas hechas a profesores y estudiantes (faltaron los administrativos porque, absurdamente, no tienen asiento en el Consejo Superior) señalan el camino que hay que seguir: el rector debe ser elegido, directamente, por los estamentos universitarios, lo que evitaría la nefasta injerencia de los políticos profesionales caucanos en la universidad, que han hecho de ella un fortín burocrático al que acceden a través de movidas clientelistas que se traducen en contratos y puestos.

Queda al nuevo rector la tarea de reconstruir el tejido universitario. No es una tarea sencilla, dada la dimensión del daño producido por esta rectoría, pero puede ser una ocasión feliz para marcar un nuevo rumbo. Es hora de recuperar la decencia, la honestidad, la convivencia tranquila y creativa, el respeto, en fin, el sentido universitario pleno.

Popayán, marzo 30 de 2017

Modificado por última vez en Miércoles, 26 Abril 2017 07:03